miércoles, 31 de octubre de 2012

Foto de perfil de Enrique AvogadroUn Gobierno p.p.m.18 a.  
Por Enrique Guillermo Avogadro
“Cuántas noches en que mi alma melancólica y sombría 
Recordaba tu pasado que era un canto de placer, 
No podía conformarme de pensar que al otro día
No tendrías tan siquiera ni un bocao para comer,
Y con tal que no volvieras a vender tus dulces besos
Ni saberte manoseada por la inmunda bacanal …”
Juan Bautista Fulginiti

Desde hace mucho tiempo y, con distintas variantes, en todas las latitudes, se califica de ese modo a los espectáculos que, por la violencia que contienen, por lo obsceno de sus escenas sexuales o por lo inmoral de sus propuestas, no resultan aptos para ser presenciados por menores. El Gobierno reúne todas esas características, y algunas más, y resulta curioso que haya impuesto, mayorías parlamentarias mediante, el voto opcional a partir de los 16 años.
Desde hace mucho tiempo, también, vengo pregonando en el desierto acerca del daño que causa a la vida cotidiana de cada ciudadano la corrupción, pero la tranquilidad de los bolsillos y la fiesta del consumo impidieron que fuera percibida como un gran mal; hoy, al ritmo del daño que causa al poder adquisitivo la inflación, del malhumor que produce el cepo cambiario, del miedo a perder el empleo, de la indignación por el embargo de la fragata “Libertad”, de la impunidad con que sonríe Guita-rrita Boudou o insulta y agravia Patotin Moreno, este terrible flagelo está adquiriendo la visibilidad que merece.

El crimen de Once, que puso en blanco y negro la asociación ilícita conformada por los concesionarios y los más altos escalones del Estado –aún no enjuiciados-, el programa de TV de Jorge Lanata que, semanalmente, compara el inexplicable y principesco modo de vida de los gobernantes con las muertes por desnutrición de los chicos y el permanente deterioro de la ya paupérrima vida de grandes sectores marginados, y todo ello después de una década de crecimiento económico casi inédito y con una recaudación impositiva que llegó a los ¡US$ 200.000 millones! constituyen algunas de las aristas que debiera confirmar que el período cristi-kirchnerista no resulta apto para todo público.
Hoy, cinco mil doscientos argentinos mueren cada año en las rutas y caminos porque, en los mismos diez años, nada se hizo en materia de infraestructura vial, digna de un país subsahariano, ni qué decir de la ferroviaria, y enormes focos de contaminación, como la cuenca Matanza-Riachuelo, tampoco han merecido atención alguna de parte del Gobierno. Los fondos que hubieran debido ser destinados a solucionar, después de décadas y décadas de daños repetidos, el tema de las inundaciones alrededor del Salado –que, además, hubieran permitido incrementar la superficie sembrada- se malversa en faraónicos proyectos como Tecnópolis o en subsidiar estupideces como Fútbol para Todos (que debiera financiarse con la prohibida publicidad privada) o Aerolíneas Argentinas, una compañía que pagan todos los pobres para que viajen los ricos. Que los temas enumerados, que obviamente no son los únicos ya que la lista es larguísima, explican la fuente de la que manaron hoteles patagónicos, aviones, motos, autos fantásticos, yates, pisos en Puerto Madero, compañías petroleras, casinos, palacios y estancias que engrosan el patrimonio de funcionarios y empresarios cómplices.
Si bien el fenómeno no es nuevo ni, mucho menos, exclusivo de la Argentina, la reciente y masiva expansión de la droga en la sociedad y su peor derivado, la infiltración del narcotráfico en las fuerzas de seguridad, son el fruto natural de la complicidad del Gobierno con los mercaderes de la muerte. Anímal Fernández explicó, con su cara más dura, que la radarización y el control aéreo de nuestras fronteras, las mismas que fueron desguarnecidas por Nilda Garré trasladando a gendarmes y prefectos al Gran Buenos Aires, no revestía peso alguno a la hora de combatir en esta desigual lucha. Los episodios de Santa Fe, especialmente por el momento y la forma en que fueron dados a conocer, tienen un innegable componente de oportunismo político, pero es también irrefutable que Rosario ha vuelto, a fuerza de asesinatos por sicarios y episodios de violencia intimidatoria, a recuperar el triste mote de “la Chicago argentina”, en recuerdo de aquellos gangsters que dieran tanta fama a la actualmente fabulosa ciudad norteamericana en la década de los 20´s.

Desde esta misma columna dije muchas veces que, cuando Lancha Scioli se enorgullecía de la mayor cantidad de droga secuestrada cada año, estaba ignorando que ello se debía al gigantesco crecimiento del tráfico en la Provincia de Buenos Aires, y no dejé de llamar la atención sobre las avionetas cargadas de estupefacientes que, espontáneamente, caían en campos y caminos argentinos, después de recorrer ¡más de mil kilómetros! de cielo nacional sin ser detectadas.
Todo esto nos está llevando, inexorablemente, a recorrer el camino que inauguraron Colombia -¡después de cincuenta años de incontrolable guerrilla hoy su PBI supera al nuestro!- y México, que aún no encuentra solución a la catástrofe que las guerras entre los carteles han producido. He aquí otro de las características que convierten a este período en no apto para menores.
Pero hoy el escenario en que mejor se distingue lo pornográfico de las actitudes del Gobierno a nuestra coyuntura política es, obviamente, la Justicia. Con un impúdico exhibicionismo digno de esos mismos gangsters de película, doña Cristina ha ordenado a su tropa de incondicionales destruir a quienes puedan transformarse en un obstáculo para sus pretensiones hegemónicas, y éstos no trepidan en utilizar métodos extorsivos o llanas calumnias para obtener sus objetivos, sin que fiscal alguno lleve estos temas ante los estrados, tal vez porque saben que no cosecharán fruto alguno. Si su jefa natural, Gils Carbó, fue votada hasta por la oposición y hoy se atreve a denunciar penalmente a los miembros de la oposición del Consejo de la Magistratura, ¿qué les cabría esperar para su futuro?; precisamente, y una vez más, los partidos políticos pecaron de ingenuos cuando aceptaron, como un mal menor después de Reposo, la propuesta oficial, ya que el Gobierno volvió a ¿engañarlos?. Sólo cabe preguntarse si son estúpidos o cómplices.
Si el Gobierno obtiene la ley del per saltum, será la Corte –aún negándose a admitir ese procedimiento en el caso Clarín- la que se verá enfrentada a asumir la responsabilidad institucional de poner orden en este desmadre. Veremos entonces en qué categoría moral revistan sus ministros.
El 8-N la ciudadanía volverá, fuertemente incrementada en su número, a salir a la calle para protestar contra esta inmunda bacanal pero, si los opositores no entienden que, también, serán el objetivo de la queja, Argentina entrará, más profundamente aún, en el cono de sombra en que se encuentra, y el pronóstico pasará del anaranjado al rojo, un color que conlleva tragedias.

Bs.As., 31 Oct 12 -Enrique Guillermo Avogadro
Abogado

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