viernes, 15 de febrero de 2013

Clases baja y media afectadas por el déficit habitacional

Tanto en capital como en el interior de la provincia, los asentamientos se contabilizan por decenas y el crecimiento no se detiene. Uno de los datos provisorios y no definitivos del censo 2010 fue que para 40.091.359 habitantes de la Argentina, hay sólo 14.297.149 viviendas, lo cual nos enfrenta con la magnitud que acarrea el drama del déficit habitacional.
Históricamente, la política pública en relación a la vivienda en Argentina se ha caracterizado por un Estado que ha tomado el rol de constructor de viviendas sociales llave en mano, y se han dejado de lado otro tipo de políticas, usuales en otros países, como el subsidio a los alquileres o los subsidios a créditos hipotecarios para primera vivienda.
Hasta la administración de Néstor Kirchner, los planes de vivienda se englobaban mayormente dentro del Fondo Nacional de la Vivienda (Fonavi) cuyas transferencias de recursos a las provincias y municipios del Fonavi revisten el carácter de automáticas de acuerdo a los coeficientes de reparto establecidos en la ley sancionada en el año 1995. Desde la administración de Kirchner, el gobierno nacional ha venido complementando los planes del FONAVI con programas federales de vivienda.
En otras palabras, el manejo del presupuesto para viviendas pasó del reparto automático del Fondo Nacional de la Vivienda (Fonavi) a una mayor discrecionalidad del gobierno de turno y se convierten en un sistema de premios y castigos para gobernadores e intendentes por parte de la administración nacional.
El problema en Formosa y en la región
Los años de desinversión en infraestructura habitacional se hicieron más notorios en la última década, al estallar el reclamo de amplias franjas de la población, excluidas no solo del mercado laboral sino también del acceso a la salud, la educación y una vivienda digna. Obviamente el gran crecimiento poblacional se sumó a esta demanda ya importante.
Aunque en pleno escenario preelectoral la información oficial está orientada a contar cada una de las casas para demostrar que esta gestión fue la más provechosa en materia de vivienda, los números que se difunden en muchos casos incluyen barrios aún no concluidos o que, si bien han sido ya diseñados, todavía no cuentan con financiamiento, por lo que es muy difícil saber, a ciencia cierta, la real cobertura habitacional.
El por entonces administrador del Instituto Provincial de la Vivienda (IPV) en Formosa, Martín Muracciole aludió, antes de abandonar su mandato que ?esta gestión de gobierno ha fijado objetivos muy claros y se trabaja en esa línea, por ejemplo y a largo plazo, se pretende que en el término de 30 años eliminar el déficit en el sector?. En este marco es que ?se plantea que para el año 2015 satisfacer el 100 por ciento de la demanda anual generada por la formación de nuevos hogares de nivel socio económico bajo y medio tanto en el ámbito urbano cuanto rural?.
Lo cierto es que en las últimas tres décadas ningún gobierno pudo superar la meta de entregar 4.000 viviendas por año, situación que refleja que, más allá de las buenas administraciones económicas que se puedan realizar, este tema debe ser encarado como una política de Estado a largo plazo y cada uno de los sucesivos gobiernos debe comprometerse a sustentarlo en el tiempo.
Por otra parte, estas obras solamente son viables con aportes nacionales; de lo contrario, el presupuesto provincial solamente alcanzaría para llevar adelante poco más de 1.000 viviendas al año, cifra que no solucionaría ni mínimamente el problema. Por esta razón se viene utilizando como estrategia la modalidad de mejoramiento habitacional que consiste en dotar de ciertas condiciones mínimas de dignidad a la vivienda ya existente.
POSTERGACIONES
Los sectores medios postergan la formación de una familia por la dificultad de acceder a una propiedad, a pesar de que seis de cada diez argentinos desean solucionar su problema habitacional. El 70% de quienes necesitan vivienda afirman que esto influye en su vida, ya que 29% de ellos decidió postergar su paternidad y el 17% el matrimonio. También ?se retrasa en los jóvenes el abandono del hogar paterno?, señaló el trabajo de la consultora D AlessioIrol.
Entre las barreras para el acceso se encuentra en primer lugar la relación salario-precio y luego las trabas que ponen los bancos para acceder al crédito por lo cual existen muchas parejas jóvenes sin hijos, que no pueden planificar su familia debido a la falta de vivienda, o lo hacen a riesgo de vivir años a la sombra de alquileres.
La falta de vivienda propia además, perturba a muchas personas, pero especialmente a las más jóvenes, quienes con frecuencia deben permanecer junto a sus familiares o los de su pareja cuando deciden unirse o casarse. La convivencia, no siempre feliz en hogares extendidos, obliga a las nuevas parejas a tener que adaptarse a normas y ritmos de una parentela numerosa o deban someterse a las normas de vida, costumbres y relaciones familiares de los grupos de origen, por no tener otra opción.
Entonces mientras los sectores de menores recursos esperan asistencia del estado para conseguir vivienda propia, los sectores medios se encuentran sin alternativas a las cuales recurrir.
UN CAMINO
El gobierno de la provincia no solo debería ocuparse en solucionar el déficit habitacional de más de 20.000 formoseños de menores recursos sino posibilitar a través de leyes, el acceso de jóvenes de clase media al crédito hipotecario puesto que uno de los principales problemas es la falta de financiación para obtener vivienda, o los requisitos y garantías que les excluyen de la posibilidad de una hipoteca. Otra opción serían los beneficios impositivos para empresas constructoras que construyeran viviendas para jóvenes con una cuota adaptada a sus posibilidades de pago.
 Fuente: Publicado en Diario Opinión Ciudadana

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