viernes, 17 de mayo de 2013

El mayor enemigo de la justicia social

J SPor Alejandro A. Tagliavini
Más allá de la conflictividad social creciente (oficialistas y anti, huelgas, delito común, etc.) típico de un sistema que derrama violencia, el estatismo como el chavismo en Venezuela, el peronismo en Argentina, etc., ha empobrecido a la sociedad. Es que la violencia siempre destruye, incluidas la paz y la justicia.
Históricamente la expresión “justicia social” ( giustizia sociale) fue acuñada por el jesuita Luigi Taparelli (Turín, 1793 - Roma, 1862) en el libro Saggio teoretico di dritto naturale, appoggiato sul fatto, publicado en 1843, en Livorno, Italia. Décadas después el término ( social justice) es vuelto a usar en Inglaterra a fines del siglo XIX, por los socialistas fabianos, pasando luego al Partido Laborista inglés, al que la Sociedad Fabiana se integró. En la misma época, en Francia, el Partido Socialista a través de Jean Jaurés, adopta el concepto como parte de su socialismo ético y pacifista. Y a la Argentina llega a través del Partido Socialista, de Alfredo Palacios, elegido diputado en 1904.
En 1931, la noción se incorpora a la Doctrina social de la Iglesia Católica, al utilizarla el papa Pío XI en la Encíclica Quadragesimo anno, donde asegura que “A cada cual… debe dársele lo suyo en la distribución de los bienes, siendo necesario que la partición de los bienes creados… se ajuste a las normas del bien común o de la justicia social”. El Catecismo de la Iglesia Católica entiende que la sociedad asegura la justicia social cuando realiza las condiciones que permiten a cada uno conseguir lo que le es debido según su naturaleza y su vocación y los derechos de la persona humana “... son anteriores a la sociedad y se imponen a ella… Sin este respeto una autoridad sólo puede apoyarse en la fuerza o en la violencia...”.
Ahora, para comprender cabalmente lo que esto significa, es necesario un análisis serio, no ideologizado ni prejuicioso, del aristotélico tomismo. Si el orden natural existe (la naturaleza creada por Dios está ordenada), si el hombre es naturalmente sociable y si la justicia existe, de suyo la justicia social existe. Siendo justo lo que le corresponde según su naturaleza, es justo todo lo que hace al orden natural y es justicia que los seres tengan aquello que les corresponde naturalmente, que se da naturalmente. Es justo que una persona pueda ser y desarrollarse como tal.
Pero, dice Aristóteles, y Santo Tomás lo copia, que la violencia es siempre y necesariamente destructiva del orden natural por cuanto supone una fuerza extrínseca que intenta desviar su curso espontáneo (para un análisis exhaustivo, ya que aquí no hay espacio, ver El Futuro de la Esperanza, Alejandro A. Tagliavini, Eumed, Universidad de Málaga, Parte I, pág. 11). Así, las leyes estatales coactivas (basadas en el monopolio de la violencia estatal, el poder policial) que, supuestamente, hacen a la “justicia social” son insanablemente injustas socialmente, y destructivas de la economía, porque violan al mercado natural, que sí es justo.
Por caso, la ley del salario mínimo provoca la desocupación de los que ganarían menos, los más humildes, lo que contradice al orden natural social que hace partícipe al hombre de la creación empezando por los que más urgentemente lo necesitan. Por otro caso, los impuestos coactivos son derivados hacia abajo, por vía de aumento de precios o baja de salarios, provocando la miseria de los más humildes.
El autor es miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity en el Independent Institute, de Oakland, California.
Fuente: Publicado en el Instituto Independiente  http://independent.typepad.com

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