viernes, 7 de agosto de 2015

“El anti-estado de las cosas, hacia la multiplicidad de formas.” (Resumen) Por Carlos A. Coria García. UNNE (Argentina)

http://www.comunaslitoral.com.ar/08-2015/resize_1438810771.jpg“… Se dice que Sócrates alguna vez dijo que filosofar es aprender a morir, este aprendizaje no es resignarse, aceptar que un día vamos a morir porque eso ya lo sabemos desde mucho tiempo antes, situación que nos diferencia tal vez para mal del resto de las especies, aprender a morir es armonizar este tránsito del nacimiento a la muerte en el pensamiento, en la reflexión, en posicionarse, hacer fluir el tiempo y el espacio en la cronología biológica natural de los seres vivos.
En esta atmosfera de muerte y pensamiento es crucial la filosofía, pero no entendida conceptualmente en su versión clásica “amor por la sabiduría” pues un filósofo no es un sofos, no es un sabio, es un ser que busca, alguien que desea, un aspirante. Sostiene Platón en “El banquete” que el amor es buscar lo que nos falta, uno ama lo que le falta y lo que el hombre no tiene es la inmortalidad y lo alcanza con la sabiduría absoluta. Cuentan que a Sócrates muchos hombres se le presentaban como sabios y él decía -aunque no hay registro literal-, y yo solo sé que no se nada, se verifica su búsqueda permanente. Resulta interesante donde poner énfasis sobre la definición clásica de filosofía, si lo hacemos en la sabiduría, entonces quien encuentra la sabiduría sería un buen filósofo, haciendo de ello un ejercicio resolutorio y tendrá sentido en la medida en que se alcance su objetivo, sabiduría. Pero si el énfasis lo colocamos sobre el amor que implica una búsqueda siempre abierta, cada vez que se alcance una respuesta se vuelve a preguntar ¿por qué? Se vuelve a reprogramar y como todo amor que implica apertura nunca se cierra, se sintetiza en no llegar a una verdad definitiva y totalizadora, al mismo tiempo es un cuestionamiento sobre los que pregonan una verdad definitiva. Por eso mismo, es crucial que el hombre en cuanto tal filosofe constantemente, todos y cada uno de nosotros estamos en condiciones de filosofar pero no todos lo hacen, porque para ello hay que colocarse en posición “de”, pues la filosofía no viene a salvarnos y solucionar problemas, al contrario, los crea, los trae a la luz, nos da nuevos interrogantes, la filosofía no es sabiduría per se, nos da herramientas para pensar la realidad, hacer de ella una aprehensión sensible. Porque ninguna descripción va agotar la realidad o la que estamos viendo. La filosofía es una herramienta donde las preguntas son más importantes que las respuestas, las críticas de mayor interés que el discurso, y las dudas más valiosas que las certidumbres.
Una gran parte del mundo académico es idiota, permítaseme utilizar ese términos con la significación correcta y no aquella a modo de insulto en la contemporaneidad, idiota en sentido de ocuparse de lleno en sí mismo y desoír los asuntos públicos, es así que el idiota en la polis griega era el que se desentendía de los asuntos de la polis y eso era extremadamente grave. La idiotez en la que estamos sumergidos me recuerda a la anécdota que trae Platón en su obra “Teeteto” sobre Tales de Mileto que dice más o menos así: resulta que Tales de Mileto estaba tan asombrado por el descubrimiento de la filosofía que salía a caminar y miraba al cielo todo el tiempo y un día cayó a un pozo, cuenta Platón que Tales de Mileto estaba tan metido para adentro y mirando hacia arriba que no veía los pozos en la tierra, tropezaba y caía en ellos todo el tiempo, traslado esta historia a nuestra realidad y coloco en lugar de Tales de Mileto a una gran cantidad de filósofos, sociólogos, antropólogos y politólogos sumergidos en sí mismo y mirando al cielo y siempre cayendo en los mismos pozos, estos pozos son: la educación pésima, la mala atención en la salud, el trabajo en negro que el mismo gobierno alienta, la falta de infraestructura, falta de trabajo digno, la pobreza extrema, la desigualdad, el pésimo acceso a la justicia, la corrupción galopante, el despilfarro de los recursos públicos, etc. Una solución posible a este problema sería esquivar los pozos entonces, resumiríamos la vida en nacer-esquivar pozos-morir, no parece una salida adecuada ya que el quid de la cuestión son los pozos, la idea es sanearlos, que Tales de Mileto pueda caminar tranquilo mientras mira el cielo sin riesgo a caer. Pero resulta que la opción no puede ser pendular entre los extremos cielo o pozos, tampoco en la búsqueda de un equilibrio que por si da apariencia de estático, tal vez una buen puerto sea una tensión creativa entre el cielo y los pozos, filosofar (cielo) sobre los pozos nos llevara al origen de los pozos que nos dará las respuestas para sanearlos, ya lo sostenía Nietzsche cuando se refería al hombre como un campo de batalla, lejos estamos de un equilibrio imaginario, la tensión creativa nos introduce en el pólemo (polémica) sobre las cosas que suceden. La idea es la filosofía como interrupción a la cotidianeidad de los sucesos, a los pozos, la filosofía como un binocular que apunte a la realidad del llano, en tratar de descubrirla, en cada momento se ensaya una cierta perspectiva, que lleva a unas conclusiones, que lleva a una imagen de lo real. Si se ensaya una perspectiva distinta aparece una realidad distinta, pero en la cual al final del camino reaparecen los mismos elementos. Incluso ser capaces hasta de descreer de las propias creencias como sostiene Nietzsche.
Lograr semejante empresa requiere de un cuestionamiento desbastador de las totalizaciones, la filosofía en sí misma es un saber inútil, porque inutiliza, interrumpe la cotidianeidad en la que estamos ahogados, pensar el estado real circundante, motivar su trasformación nos emprende en cuestionar lo que hay y lo que es posible, el cuerpo media, no es trasparente y lo hace a través de los sentidos, si vemos pues, niños moqueando y mal alimentados y no cuestionamos semejante realidad estamos siendo idiotas en pleno. La palabra también media y sirve de espada, usarla en total libertad reconfigurando cualquier costumbre enraizada en las entrañas de una sociedad arcaica, metida hacia adentro y mirando al cielo, sometida al derecho que es lo necesario pero no lo posible y olvidando esa posibilidad de experimentar algo distinto. Significar la idea de la vida humana como cambio, como variación, como libertad, como creación sostiene José Ortega y Gasset.”

Enviado por Carlos Coria García, en el marco del XVII Congreso Nacional de Filosofía que se llevó a cabo en la Ciudad de Santa Fe.

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